Dia 53
No siempre las cosas toman el rumbo que debieran tomar. Aquí el amarillo que refleja lo rojo de los corazones, se impregna en el aire y lo llena de color. Queda el violeta de aquella mañana de noche, de veces en cuando que no se logra realizar lo que se quiere cuando no se tiene nada que perder.
Los días suelen parecer desiertos, y las noches unas tundras, sin embargo, las sensaciones pueden engañar a la vista. A penas ayer un pavorreal cabeza codorniz, llegó al campamento a pedir un préstamo pero fue negado debido a la dudosa procedencia de sus palabras (bien se sabe que los pavorreales cabeza codorniz no hablan). Me asombra que a estas fechas aún siguen llegando opciones, pero datan de otro tiempo, otro momento. Tal vez en alguna vuelta nos perdimos y erramos la dirección, de cualquier forma, aún no baja la marea y aquí en tierra procuramos mantener la razón, no hace falta dudar lo que se tiene, más vale no tirar lo que hace falta.
Lápiz y papel a la mano, un poco de tinta y algo de inspiración en el ambiente. A estos momentos me parece indispensable un par de cosas sincronizadas y sobre todo estos días en que aún escribo bajo luz de una pantalla. Se dan las veces que niego pertenecer a un clan, pero rectifico camino cada vez que miro en mi y veo la marca que descubre lo que soy.
Me vivo creído que la realidad es lo que está. No me doy cuenta que la vida a veces llega y uno la ve pasar de largo, tan estática, que nosotros parecemos movernos a prisa cuando en realidad tomamos el destino. No es de tontos descuidar la retaguardia, es de salvajes atacar por la espalda. Y aunque no hay reglas (así como en la guerra), no significa quitar el lado humano de esta composición. Otro paso, ahora vemos que la realidad se mezclo con nuestros sueños, haciendo parecer que viviríamos, cual fue la sorpresa al encontrar: menos vida, menos peso, menos tú. …
Apenas terminó la lluvia y se vuelve a la normalidad... tan sencilla que suele ser cuando apenas se le nota....
