lunes, 13 de julio de 2009

De Ciruelas

Vivimos con esta añoranza. La hay del pasado, de las relaciones, la historia, las situaciones, lo vivido o dejado de vivir. Pasa que nos hemos acostumbrado a guardar deseos, recuerdos, almacenes de memoria a los causes de un río sin saber su dirección.

Pasa que esta sociedad recibe lo que ha cultivado a lo largo de los años; y no somos diferentes a lo que se esperaba, pero ni un poco de lo que se añoraba. A estas alturas hay que notar más el mantenerse firme, soñar con cuarzos, dormir desnudos, bailar al alba. Y es que la vida pasa y uno se da cuenta que en el patio de la esquina dejamos entretenimiento y compañía, aprendimos que a veces los sueños no se cumplen, ni las promesas son todas de cristal.

No culpo a un sistema, ni la metodología o poca educación y cultura de quien me rodeó. Creo en una igualdad de oportunidades y posibilidades para desarrollarse personalmente; en este mundo que somos tan uno para (con/en) el otro.

Pasa como muchas cosas pasaran; y en esta historia sólo quedan las promesas, los recuerdos, aquel “domingo sin sol”, los besos robados que no te di, y algunos ayeres que llegan a mi hoy... No todos, algunos de esos quedaron en un camino, no más sinuoso que una coca-cola, ni menos recto que un abogado; algunos de ellos quedaron al voltear, o sobrevivieron a la rutina, otros se esconden aún en la punta de mi lengua y alegan huelga mientras no vean donde aterrizar.

No todo valió la pena, ni merece ser recordado, no todo quedó en el olvido ni se hundé en el pasado. Es muy poco decir, que muchas cosas “nunca” pasaron, ni se volverán a repetir.

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